PROLOGO
Tiempo atrás, Grandes magos y hechiceras pisaron este hermoso planeta, fueron amados y respetados, pero en todo bien hay mal, y en toda luz, hay oscuridad. Que creen, ¿Qué puede lograr la palabra de un solo hombre?... destrucción, sí, destrucción, pero no la de solo una persona, si no la de un gran numero de ellas.
- ¡Quiero que desaparezcan! ¡Que no quede ninguno con vida!-
Fue la orden que desencadeno tan cruel e injusta batalla
- ¡A la hoguera!- fue el grito de la multitud
Yoko sonrió amargamente, una lágrima solitaria rodó por su mejilla
- No llores pequeña, yo estoy aquí- le dijo una voz en su cabeza
- Clow, ¿Por qué? Nosotros no le hemos hecho nada- dijo Yoko
- ello no tienen la culpa, están siendo engañados y no te preocupes jamás te abandonare- dijo Clow
- ¿sufriré?- pregunto Yoko
- me temo que si, lo siento- dijo
Mientras que la multitud seguía gritando
- ¡Que muera! ¡A la hoguera!
El cuerpo de Yoko se tenso, sentía como entraba en calor, las llamas crecieron, el aire caliente entro por los poros de su cuerpo, sus ojos de un color amatistas, lloraron.
- Cl…ooo…w no te… va…aaa…yasss– intento hablar Yoko
- algún día volveremos a reunirnos-
Yoko sonrió… con la frente en alto miro a sus verdugos con orgullo, moriría con honor.
El mago Clow apareció entre la multitud, se acerco al centro de la plaza, y cogio el cuerpo calcinado de Yoko. Sorpresivamente todos guardaron silencio.
- Me alegra que te hayas entregado tu solo, mi tiempo vale mucho para perderlo contigo, para que veas que son un rey benevolente, dejare que me supliques por tu vida.- Dijo Kamiya Ken el rey de Tomoeda
- has masacrado a los míos, ¿crees que todo acabara aquí?- dijo Clow ante la expectación de todos
- no lo se, dímelo tu- dijo el rey
- tarde o temprano, tu reino de mentiras caerá y la magia resurgirá, yo mismo me encargaré de que todo salga bien-
El rey rió
- ¡que! Acaso volverás del infierno-
- quien sabe- dijo Clow con una extraña sonrisa y tranquilidad
Kamiya Ken palideció, esto no estaba tomando buen rumbo
- ¡quémenlo! Grito el rey a sus soldados que tomaron a Clow, este no se resistió.
Y las llamas crecieron
“Por fin me libre de ti Clow Reed” pensó el rey
- Miren, al famoso gran Mago, muerto, a manos de una humano normal, por fin la magia ya no nos molestará- Hablo el rey que fue vitoreado por la multitud.
A los días siguientes vinieron las nuevas leyes, la mujer, que antes fue amada y respetada por igual, cayo en el olvido, fue desprestigiada, su función en la tierra quedo en “dar a luz”, sus voz fue acallada y sus ojos vendados.
El rey Kamiya estaba asustado con la amenaza de Clow, por eso mando a quemar todo lo relacionado con la magia, amuletos, utensilios, y los libros, pero hubo uno que no logro encontrar, removieron las casa de Clow, nada, no encontraron nada.
- Maldito Clow, hasta muerto me molestas- exclamo Ken Kamiya
Y así fueron pasando los días y los años, y el libro seguía sin aparecer, los reyes cambiaron, la mente cambio, pero no evoluciono. La profecía fue yendo de generación en generación, muchos la olvidaron, y otros todavía tenían esperanzas.


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